EL REGRESO DE UNA SONRISA

¡Conoce aquí la historia de Izabel una niña que fue arropada por la frialdad de las palabras!

En el tórrido Nordeste brasileño y antes de cumplir los 7 años, lo más frío que Izabel había sentido eran las palabras de su padre, quien solía recurrir a la violencia verbal y psicológica para relacionarse con ella.

“Mi papá no me quiere”, le dijo Izabel una y otra vez al equipo del Centro Comunitario que Aldeas Infantiles SOS tiene en Araçoiaba, un municipio ubicado a 34 kilómetros de Igarassu y 58 de Recife, la capital del estado de Pernambuco. La frase, tan fuerte como sus silencios, llegó después de mucho trabajo para que ganara en confianza con el equipo de Aldeas y continuó con otros relatos sobre lo que sucedía en su casa.

Tiempo antes, al realizar las visitas domiciliarias, el equipo de Aldeas se encontró con que el espacio en el que vivían no era el más adecuado para el desarrollo de Izabel y su hermano más pequeño. La casa había sido construida en barro y madera, era precaria y apenas tenía lugar para los cuatro integrantes de la familia.

Por ese motivo era importante trabajar rápidamente en la relación entre ellos para fortalecer su vínculo y erradicar a la violencia como forma de relacionamiento. Los padres de Izabel, quienes no tenían empleo fijo, fueron invitados a participar en las actividades de Aldeas en el Centro Comunitario. Filipe aceptó y asistió con regularidad a los encuentros para padres.

El objetivo de estas reuniones es combatir la violencia que ocurre en las familias y fortalecer el cuidado que dan los padres a sus hijos e hijas. Gracias a estos encuentros, Filipe encontró una nueva manera de relacionarse con su familia y, empujado por su cambio, empezó también a movilizar a otros hombres para que participaran en los encuentros.

La madre de Izabel, quien era víctima de violencia física por parte de su esposo, también recibió apoyo. Pasó a formar parte del Comité Familiar y participó en las actividades del Centro, ya fueran talleres, reuniones familiares o seminarios.

La relación entre Filipe e Izabel se transformó. Hoy, ya sin miedo, ella lo abraza cuando él la va a buscar a la escuela. Además, Filipe y su esposa se preocupan de que Izabel y su hermano asistan con frecuencia a la escuela e inscribieron a su familia en un programa municipal para conseguir una casa con mejores condiciones.

No obstante, el monitoreo de la familia continúa. Hubo avances, pero aún quedan pasos para dar, como encontrarle un empleo fijo a los dos adultos. Mientras tanto, en el tórrido Nordeste brasileño, Izabel ya no siente frío.